Por Oscar Espinosa Chepe
29 de diciembre de 2007

La
Habana – www.PayoLibre.com – El comienzo del nuevo año abre grandes
esperanzas de progreso para el pueblo cubano a través de un proceso de
cambios, propiciador del mejoramiento de sus condiciones de vida. Esto
se basa en lo expresado por el General Raúl Castro el pasado 26 de
julio, cuando reconoció la gravedad de la situación económico-social
imperante, con salarios insuficientes y una agricultura en estado
calamitoso; refiriéndose, además, al posible inicio de cambios
estructurales y de conceptos en la economía cubana.
Ese discurso se debatió posteriormente en las organizaciones de base del
partido comunista y otras organizaciones, donde según ha sido informado
se hicieron más de un millón de planteamientos de cambios y críticas.
Paralelamente, en los últimos meses, muchos intelectuales, incluidos
algunos con fuertes vínculos oficiales, han reconocido la necesidad de
ejecutar los cambios, llegándose a subrayar el indisoluble nexo
existente entre los conceptos de socialismo y democracia, a la vez de
señalar la necesidad de promover una cultura del debate en un marco
responsable y civilizado, donde todos los ciudadanos tengan la
oportunidad de formular sus ideas sin cortapisas. A ello se refirió
también Raúl Castro durante su visita a Santiago de Cuba, a mediados de
diciembre,
pero recalcando que las opiniones
deben ser expresadas de forma adecuada en el lugar y momento oportuno,
lo cual muestra la intención de que no se salgan de los cauces fijados.
Desde los puntos de vista económico, social, demográfico y de valores
humanos, la acumulación de problemas ha llegado a un
nivel insostenible en la sociedad
cubana. Si no ha estallado ha sido por la aparición de un nuevo
patronato, esta vez procedente de Venezuela
que con sus petrodólares la ha apuntalado; situación que en modo alguno
es segura por sustentarse en una coyuntura de altos precios del
petróleo, una materia prima básica, y de un hecho político acontecido
por la ascensión al poder del Teniente Coronel Hugo Chávez. Factores,
ambos,
no totalmente fiables como lo
apunta la experiencia del referendo efectuado a principios de diciembre
en ese país.
Por otra parte, en Cuba con el mito máximo de la revolución seriamente
enfermo y una población agotada de escuchar falsas promesas y de un
socialismo inexistente,
el consenso político
se ha resquebrajado, lo cual se aprecia en cualquier esquina por los
comentarios de desaliento y ausencia de fe en el futuro de un sistema
disfuncional.
Evidentemente, los cambios son imprescindibles para liberar las
reprimidas potencialidades económicas del país, a fin de permitir la
elevación del nivel de vida de la población y terminar la prolongada
crisis polifacética imperante desde hace muchos años.
Por todo ello, las manifestaciones del General Raúl Castro y de
intelectuales vinculados al gobierno, así como artículos publicados en
la prensa oficial cubana con opiniones sobre la necesidad de resolver
ingentes problemas, han estimulado
esperanzas
entre la población de que en el 2008 se inicien cambios graduales en la
economía y la sociedad cubana en general, que enrumben el país hacia el
progreso y lo saquen del actual marasmo.
No obstante el cauteloso optimismo sobre futuras transformaciones,
también existen signos contradictorios que podrían indicar la
resistencia de algunos elementos dentro del gobierno y el partido
comunista a los cambios para preservar el poder absoluto mantenido por
decenios. La forma como se han preparado las elecciones del Poder
Popular es
idéntica a la utilizada en los
anteriores procesos, caracterizados por mecanismos
absolutamente antidemocráticos, donde no hay verdadera selección sino la
imposición de candidatos.
Al mismo tiempo, los prisioneros de conciencia y políticos pacíficos
continúan en las cárceles en condiciones inhumanas, a pesar de que los
planteamientos de Raúl Castro son similares a los formulados por ellos
durante muchos años. En adición, los medios continúan sus campañas de
calumnias contra los defensores de los derechos humanos y la democracia
en Cuba. Los inmensos aparatos represivos siguen persiguiendo a los
disidentes pacíficos, y listos para acometer una nueva asonada de alto
vuelo. Todo ello contradice los anunciados debates e intercambios libres
de ideas anunciados.
Debe subrayarse que la dirección provisional del gobierno con sus
anuncios de posibles cambios ha creado una
gran
expectativa en la sociedad, que espera medidas liberadoras de
la asfixia existente, pero si este proceso no se materializa en hechos
concretos y efectivos devendría en un nuevo engaño. La frustración
resultante sería inmensa y con consecuencias impredecibles, teniendo en
cuenta que
el clima político se ha transformado
radicalmente. Si las fuerzas inmovilistas y conservadoras
logran nuevamente paralizar el proceso de cambio, la respuesta popular
puede ser insospechada y conducir a la desestabilización del país. Un
escenario indeseado por todo aquel que se sienta responsable por su
destino.