Carlos M. Alvarez y Elsa Prieto-Alvarez.
Posted on Tue, Jan. 10, 2006
Detienen en FIU a dos supuestos agentes de Castro
RUI FERREIRA
El Nuevo Herald
El profesor de la Universidad
Internacional de la Florida (FIU) y su esposa arrestados ayer bajo cargos de
espiar para Cuba, parecen ser veteranos de la inteligencia cubana --con 30 y
20 años de experiencia, respectivamente-- que iniciaron sus actividades en
territorio estadounidense por separado hasta que se casaron, a inicios de la
década de 1990, y comenzaron a trabajar juntos.
Según la fiscalía federal, en junio pasado, el profesor Carlos M. Alvarez,
de 61 años, y su esposa, Elsa Prieto-Alvarez, de 55, admitieron
voluntariamente a la Agencia Federal de Investigaciones (FBI) que llevaban
años trabajando para la inteligencia cubana.
Aparentemente, Alvarez lo hacía desde 1977, y ella a partir de 1982. Pero la
fiscalía no los ha acusado directamente de espionaje de matiz militar, sino
de ocultar al Secretario de Justicia su condición de agentes de un país
extranjero, un delito que conlleva un máximo de 10 años de cárcel.
''El confesó que estaba espiando para Cuba'', y ''ella dijo [a los agentes]
que sentía más fidelidad hacia Cuba que hacia Estados Unidos'', dijo ayer el
fiscal federal asistente Brian K. Frazier durante una audiencia de fianza.
Alvarez es profesor de psicología en FIU y su esposa es coordinadora de un
programa de entrenamiento de trabajo social, especializado en intervención
de crisis y terapia de grupo, en el mismo recinto universitario.
La pareja fue arrestada en la madrugada del viernes, y ayer la presentaron
ante la jueza de instrucción Andrea Simonton, quien les denegó la fianza.
No está clara la razón por la cual las autoridades decidieron dejarlos en
libertad en junio pasado tras las declaraciones de los arrestados, pues
según el fiscal federal para el sur de la Florida, Alexander Acosta, éstas
constituyeron ``una confesión''.
''Estábamos investigando'', dijo Acosta escuetamente.
El arresto de la pareja se da a escasas semanas de una vital audiencia de
revisión del caso de cinco hombres acusados de espiar para Cuba, condenados
a fuertes penas de cárcel en Miami en el 2001.
A principios de febrero, el pleno de la Oncena Corte de Apelaciones de
Atlanta escuchará alegatos sobre el caso de Gerardo Hernández, Ramón
Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González, quienes
admitieron que trabajaban para el gobierno de Cuba y cuyas severas
sentencias fueron anuladas en agosto del año pasado.
Según las autoridades, Alvarez y su esposa enviaron a Cuba análisis de la
situación política en Estados Unidos, informaciones sobre miembros y
organizaciones del exilio cubano, sobre el juicio, en el 2000, a la red de
espionaje cubana, a la vez que reportaron sobre las incidencias de la saga
del niño Elián González.
También informaron por lo menos la identidad de un empleado de la FBI que
fue alumno de Alvarez.
''Informaban sobre todas las personas con que se relacionaban'', dijo
Frazier.
Pero según el agente del FBI que los interrogó, Ryan T. Young, ''no hay
evidencias de que tuvieran acceso a información confidencial o militar, de
carácter secreto'', y la hubieran enviado a La Habana.
''No hubo nada de eso, señor'', respondió Young a Steven Chaykin, el abogado
defensor de Alvarez.
Acosta dijo que los dos presuntos espías cubanos pusieron en peligro la
seguridad de Estados Unidos, pese a que se movieron siempre en el mundo
académico.
''Siempre que espías trasmiten algún tipo de información al gobierno de
Cuba, hay un peligro para Estados Unidos'', dijo Acosta. Pero hay más,
añadió: ``Estas personas estuvieron en contacto con jóvenes, los quisieron
influenciar a una edad en que son muy influenciables''.
Por otro lado, Alvarez no trabajaba sólo para FIU, sino que también prestaba
asesoría psicológica a los departamentos de policía de Miami-Dade y Miami.
''Hacía evaluaciones psicológicas de los candidatos a policías al momento
del reclutamiento. Tenía una responsabilidad enorme'', dijo Acosta.
Alvarez llegó a Estados Unidos en 1961 y se hizo ciudadano en 1973, mientras
que su esposa llegó posteriormente en fecha indeterminada.
La pareja se conoció a fines de los años 1980, se casó y comenzó a realizar
en conjuntopresuntas actividades de espionaje, dijo Frazier.
''Ellos se ayudaban mutuamente'', precisó el fiscal federal asistente.
En el registro efectuado en la residencia de la pareja, donde viven con una
hija de 12 años y los padres de Prieto-Alvarez, las autoridades encontraron
todo tipo de parafernalia usada en actividades de espionaje, dijo el fiscal.
Los agentes descubrieron un radio de onda corta con una antena exterior,
códigos de trasmisiones, programas de computadoras para codificar y
descodificar mensajes.
Además, ``nos dijeron que enviaban disquetes a apartados postales con
direcciones en Estados Unidos y, al menos en una ocasión, Alvarez fungió
como correo para el espionaje cubano de La Habana a Miami''.
El profesor de FIU era uno de los promotores del llamado ''intercambio
académico'', y en diversas ocasiones, la última en el 2004, llevó a
estudiantes universitarios a La Habana.
Alvarez era muy conocido en círculos liberales del mundo académico cubano,
tanto de la isla como el exilio. Participó en el ''Diálogo de 1978'' en La
Habana, el cual condujo a la liberación de 3,600 presos políticos, y fue
miembro del comité ejecutivo del Instituto de Estudios Cubanos (IEC). En la
capital cubana, solía establecer contacto con el Centro de Estudios sobre
Inmigración de la Universidad de La Habana.
Antes de 1959, en La Habana, estuvo estrechamente vinculado a la Agrupación
Católica Universitaria.
El arresto de la pareja provocó conmoción entre amigos y colegas.
El rector de FIU, Modesto Maidique, asistió a parte de la audiencia de
fianza, pero no quiso hacer declaraciones. El ex director del Cuban Research
Institute del plantel, Lisandro Pérez, dijo estar ''chocado'' con la
noticia, y alrededor de 80 que se concentraron frente a la sala de
audiencias, no ocultaban su disgusto e incredulidad por el arresto.
Mientras, la FIU informó en un comunicado que desconocía las
investigaciones, pero anunció su compromiso de colaborar con la fiscalía, al
tiempo que nombraba como su abogado para este caso al ex fiscal federal
Robert Martínez.
Por otro lado, la universidad puso a la pareja de presuntos espías bajo
licencia administrativa con sueldo.